ANTE LA PANDEMIA Y LA CRISIS QUE SE ABRE

Compromiso Socialista - Unidad Popular

ANTE LA PANDEMIA Y LA CRISIS QUE SE ABRE

La aparición de la pandemia del Covid 19 agrava la situación política y económica del mundo y de nuestro país.

La crisis sanitaria que genera pone de relevancia el fracaso de un sistema de salud que en casi todo el mundo está privatizado, que se rige no como un servicio público y esencial, sino por las leyes del mercado.

En muchos países se agrava la crisis económica, con cierres de comercios y fábricas, y la consecuente caída de la producción.

Los capitalistas buscan hacer recaer la crisis sobre los trabajadores, se multiplican por miles los despidos y envíos al seguro, las condiciones materiales de los mismos van empeorando.

En nuestro país la llegada del coronavirus ha sido un catalizador del agravamiento de la situación económica ya existente; más de 40.000 envíos al seguro de paro en una semana, miles de despidos. En particular estos abusos se dan en las empresas tercerizadas, muchas contratadas por el Estado el cual les sigue pagando, pero se desentiende del destino de los trabajadores de la misma. Así como miles de trabajadores que están en la informalidad han perdido sus ingresos, miles de pequeños comerciantes han tenido que parar sus actividades.

La salida que propone la burguesía y su gobierno multicolor a la crisis va a redundar en un descenso del nivel de vida de los trabajadores, por otro lado el oportunismo que conduce el movimiento sindical y social, se adhiere a la política del gobierno, desarrolla un discurso de “unidad nacional”, de conciliación de clases y plantea para diferenciarse una plataforma apenas paliativa de la complicada situación que sufren los trabajadores.

No podemos cometer la torpeza política de acusar al Gobierno actual de esta situación, y debemos señalar también que en todos los meses anteriores no se había tomado en nuestro país ninguna medida contra el Coronavirus cuando la Organización Mundial de la Salud ya había alertado sobre la misma. Tampoco acompañamos el oportunismo político de quienes exigen financiar las situaciones descritas a través del pedido de préstamos ante Organismos Multilaterales de Crédito.

El gobierno ha tomado una serie de medidas en el plano sanitario y ha dejado en suspenso las más extremas. Aún es muy pronto para evaluar la pertinencia de las mismas teniendo en cuenta que nos encontramos ante una situación inédita en nuestro país y en el mundo.

Debemos marcar que la llegada de la pandemia a nuestro país exacerba los problemas económicos y sociales, expone en múltiples matices la debilidad del sistema económico y social en que vivimos, y evidencia la incapacidad del mismo para sostener condiciones que permitan a todos los trabajadores del país una vida digna.

Es necesario buscar salidas a la situación económica, social y sanitaria desde una perspectiva de clases, defendiendo los intereses de los trabajadores y pensando una forma de organización social diferente.

Se han multiplicado las voces llamando a una cuarentena general como forma de contener la pandemia, muy especialmente desde el Sindicato Médico del Uruguay se ha insistido en el tema. Pero hay que disentir con la visión hegemónica de este sector que ve en las personas individuos al margen de una realidad económica y social, y que ve en las recomendaciones que ellos dan una obligación que la gente tiene que acatar sin preguntarse si efectivamente todas las personas pueden realmente hacerla, si está dentro de sus posibilidades.

En la realidad que describimos de agravamiento de la situación económica de los trabajadores, de un Uruguay donde existen 200.000 personas viviendo en asentamientos, donde hay miles de trabajadores en la informalidad sin cobertura, en este contexto ¿Es posible pensar que una cuarentena es realmente aplicable?

La cuarentena puede ser una medida necesaria y exitosa, en una sociedad diferente, donde la misma se organice de tal forma en que todos sus miembros puedan obtener los medios de subsistencia y permanecer en sus hogares, siendo sus casas viviendas dignas. La aplicación de esta medida en el Uruguay de hoy es algo que genera dudas.

Las distintas medidas que ha planteado el gobierno han podido abarcar a una minoría de trabajadores, otros se han quedado de hecho en su casa porque perdieron su trabajo o fueron enviados al seguro de paro y otros siguen yendo a trabajar en transportes que no cumplen las recomendaciones para evitar contagios, y en trabajos que tampoco lo hacen en muchos casos.

El sistema de salud uruguayo se ha mostrado también con importantes falencias para asumir el desafío de atender una pandemia de las características de la presente, la falta de camas, la falta de respiradores, la incapacidad para hacer masivamente test de coronavirus, las diferencias de atención que brindan los distintos prestadores de salud, demuestran las falencias de un modelo de salud mercantilizado y ponen sobre la mesa el debate de cómo deben ser los servicios sociales esenciales como el transporte o la salud.

En nuestro país la sanidad se organiza en el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), en el que conviven múltiples proveedores de salud, públicos y privados que se disputan los posibles “clientes” o usuarios del sistema, este pluralismo de los proveedores de los servicios es un principio básico del mercado y la competencia.

El SNIS es un modelo de salud basado en la mercantilización de la sanidad, es un modelo sin organización central, donde en base a algunos parámetros, los prestadores van haciendo sus políticas. La lógica del SNIS es que el mercado estimula la competencia y de esta forma mejora el servicio. El Estado, representado en el MSP, cumple un rol meramente regulador.

Como consecuencia, el acceso a la salud no es universal y el sistema no es eficiente, muchas veces esto pasa disimulado, o solo lo vive el sector de la población que depende más cotidianamente del mismo por sus propias condiciones de salud.

La aparición del coronavirus avizora una crisis sanitaria dejando expuesta la realidad: el sistema sanitario no puede atender a todos, quienes pueden pagar siempre se salvan porque tendrán su lugar, y nuevamente aquí también serán los vulnerables socialmente los que paguen en términos de vidas humanas el golpe de la pandemia.

Si en vez de promover un sistema basado en el mercado, donde la construcción del mismo se orienta por el lucro de los empresarios médicos, se hubiera impulsado un Sistema Único y Estatal de salud con presupuesto a la altura, reivindicación histórica de la izquierda, el acceso a la salud sería un derecho por igual para todos los uruguayos.

De la mano de esto para tener un Sistema de salud a la altura debe tenerse presente que las medidas de higiene puedan implementarse y para que un hospital funcione, tiene que funcionar la industria química, la farmacéutica, la textil para fabricar los insumos del personal de salud, el sector alimentario para alimentar a todos y el transporte para que puedan llegar a estos lugares y al hospital mismo. También se debe intervenir sobre estas cadenas de producción, fijando precios, garantizando el acceso y abastecimiento, y esto lo que vuelve a poner sobre la mesa es que es la socialización de los medios de producción la que realmente permite organizar la misma de manera racional y acorde a las necesidades de la población.

La crisis económica también afecta el transporte, particularmente el de la capital, donde años de predominio empresarial han llevado a un sistema ineficiente que, buscando asegurar la ganancia de los empresarios del sector, solo se sustenta en base a un servicio subdimensionado, que necesita ómnibus llenos por encima de su capacidad. Muestra clara de ello es que cuando se anunciaron las primeras medidas para reducir la movilidad de personas y los ómnibus comenzaron a circular más vacíos, sin gente parada, como debería ser siempre, las empresas redujeron las unidades y frecuencias porque sino no pueden cubrir los costos, volviendo a tener ómnibus llenos por encima de su capacidad de asientos.

También se ha visto afectado el acceso de diferentes productos de higiene, bajo la lógica mercantil, el alza abrupta de los precios vuelve a mostrar que la misma permite la especulación y el enriquecimiento de unos pocos que se aprovechan de la situación, así como impedir el acceso real de buena parte de la población a los productos básicos de higiene para poder prevenir el contagio.

En resumidas cuentas la llegada del coronavirus a Uruguay agrava la situación económica y abre las posibilidades de una crisis económica, política, social y sanitaria. La pandemia expone además la falencias de un sistema sanitario mercantilizado, la incapacidad del sistema social en el que vivimos para asegurar los productos de higienes básicos, el transporte en las condiciones adecuadas, el acceso a los servicios esenciales por parte de los sectores más pobres y que se cubran las necesidades alimenticias en un posible escenario de cuarentena.

Es momento de defender nuestros derechos y demandas, de continuar la lucha por medidas adecuadas de salud y seguridad para todos los trabajadores. Hay que detener los despidos y envíos a seguro de paro que no garantizan el pago íntegro de los salarios, exigir ingresos garantizados para todos. El gobierno debe utilizar el presupuesto público para las necesidades sociales, sanitarias y económicas de todas las personas.

En distintas partes del mundo donde la pandemia ha golpeado, la presión de la clase trabajadora ha llevado a gobiernos de todo tipo a tomar medidas en ese sentido, desde el no pago de tarifas de servicios esenciales en Francia, a la estatización y centralización de todo el sistema de salud en España o la intervención directa en industrias para asegurar la producción, mostrando en los hechos que no es con la anarquía de la lógica del lucro y el capital que se puede salir de esto.

El sistema moribundo en el que vivimos no puede ofrecer más que explotación e injusticia social, incluso cuando millones de personas sufren las consecuencias de la pandemia, las clases capitalistas nunca dejan de especular sobre la emergencia. De esto surge la necesidad de la lucha por una sociedad socialista, que pueda garantizar el completo bienestar a todos sus miembros y desarrollar una verdadera solidaridad.

Exhortamos a las mujeres y hombres trabajadores, militantes sindicales y gremiales, a los estudiantes y jóvenes y a todos los sectores populares a organizarse independientemente para construir un frente contra el avance de los ataques hacia los trabajadores y para superar las consecuencias económicas y sociales sin que lo paguen los más débiles.

¡Fortalezcamos la unidad, la solidaridad y la lucha para ponernos de pie!

¡No aceptemos el escenario de los ataques contra nuestras condiciones laborales y de vida!

¡Seguiremos defendiendo resueltamente nuestras demandas, nuestra salud, nuestros intereses!

 

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