De Compromiso Socialista a la Unidad Popular, nuestros caminos se separan

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De Compromiso Socialista a la Unidad Popular, nuestros caminos se separan

A todos los compañeros de la Unidad Popular les queremos antes que nada agradecer el espacio que se nos brindó durante estos 3 años desde que nos sumamos a participar y construir en conjunto una fuerza política que fuera la herramienta de la clase trabajadora y el pueblo para alcanzar sus intereses, para poner su perspectiva en la disputa política nacional.

En todo este tiempo encontramos respeto a las diferencias, conocimos compañeros muy valiosos, que con honestidad dan día a día la pelea por aquello que consideran justo.

Pero el rumbo que ha ido tomando la Unidad Popular nos ha puesto en una disyuntiva que hoy nos hace alejarnos de la misma, y queremos con el mayor respeto, explicar los motivos.

La Ley de Urgente Consideración (LUC) y el planteo de su derogación mediante un referéndum con su juntada de firmas es el tema que atraviesa la agenda política al día de hoy. Queremos dejar nuestra posición ante esta realidad.

Estamos de acuerdo que la LUC representa una avanzada contra los intereses de los trabajadores, que empeora el marco para la represión, que es mercantilizadora en la educación y los servicios públicos, que ataca libertades sindicales, entre otros, pero es necesario dejar en claro que es una ley más que avanza en este sentido. Refuerza el esquema jurídico que necesita la burguesía uruguaya y su aliado, el capital internacional, para mantener y aumentar sus ganancias y que se mantiene incambiado desde la vuelta a la democracia.

La situación que estamos viviendo hoy los trabajadores en nuestro país, no tiene que ver con quién gobierna, sino justamente con las políticas que precisa el capital para recuperar su tasa de ganancia. Aumentos salariales por debajo de la inflación, o lo que es lo mismo rebajas salariales explícitas, la disminución de inversión pública en servicios como infraestructura, salud, educación y empresas públicas, así como el ataque sistemático a la seguridad social, configuran un escenario de ajuste sobre los hombros de la clase trabajadora.

Ante este escenario tenemos por un lado al progresismo, liderado por el Frente Amplio y sus representantes en las organizaciones sociales, ubicándose como oposición al gobierno de la coalición multicolor, denunciando el ajuste pero sin ninguna acción concreta y sin una mínima autocrítica de su accionar siendo gobierno, donde muchas de estas mismas políticas fueron aplicadas. De todas formas, del oportunismo y su demagogia no nos sorprendemos, no son oportunistas en gobiernos del Frente Amplio y consecuentes en gobiernos de la derecha tradicional, su rol se mantiene incambiado.

Por otro lado, tenemos a las organizaciones extra Frente Amplio que siempre denunciaron sus acciones pero ahora en un escenario polarizado, se encolumnan detrás del progresismo y su agenda. En concreto se pliegan a la única estrategia de acumulación electoral del progresismo que está planteada: el referéndum contra la LUC.

Desde nuestra perspectiva, es un error ubicar la centralidad del discurso y la lucha de nuestras organizaciones en el referéndum contra la LUC. Ésta pelea además de acumular electoralmente para el progresismo, corre el eje de la situación material que viven los trabajadores y los invita a pelear por algo que les resulta abstracto. En un escenario de pérdida de salario real y de puestos de trabajo, donde se avanza decididamente sobre los trabajadores, deberíamos poner el eje en la organización para enfrentar el ajuste del capital.

Nosotros no estamos de acuerdo con sumarnos a esta juntada de firmas y referéndum, no sólo porque es una farsa pues el progresismo no busca realmente la anulación de la ley, sino acumular electoralmente con el proceso, donde la conclusión de todo sea la necesidad de ser votado en 2024.

Sino porque también domestica a la clase trabajadora a luchar dentro de los marcos aceptables del sistema, coartando al movimiento social de pelear con una agenda propia, por sus intereses, y cuando estas luchas se pierden a aceptar las leyes aún cuando se explicita previamente que son, como la LUC, una herramienta que golpea a los trabajadores.

Por eso lamentamos que la Unidad Popular haya tomado este camino, reconocemos a sus valiosos militantes, no tenemos razones para dudar de sus intenciones ni de la de los partidos que la integran. Sin embargo, la realidad política que ha venido sufriendo importantes cambios en el último tiempo, nos obliga a realizar consideraciones de manera autocrítica de forma de valorar nuestra práctica dentro de la Unidad Popular y las perspectivas de la herramienta.

Hoy en los hechos, la estrategia de la Unidad Popular y el progresismo son los mismos: sacar al gobierno de la coalición multicolor. La única diferencia es que la Unidad Popular pretende sumarse a una agenda ajena pero con “un perfil propio”.

Algo que hemos sostenido en las discusiones internas en la Unidad Popular y de lo que estamos convencidos es que todos estos intentos de diferenciarse no son fructíferos, lo esencial es a quién se enfrenta y quién acumula en el enfrentamiento, en este caso, toda la acumulación final será del progresismo.

Entendemos que el asunto de fondo es que la principal crítica de la Unidad Popular hacia el progresismo se centró en aspectos éticos y no ideológicos. Para los principales sectores políticos de la Unidad Popular el destinatario de su mensaje es la “izquierda” dentro del Frente Amplio, el militante de base, que es en realidad al mismo que le hablaban cuando estaban dentro de la orgánica frenteamplista y que luego le siguieron hablando desde afuera.

Pero hoy que las condiciones políticas han cambiado, hay un proceso de polarización y decantación donde mucha gente que en su momento pueden haber apoyado a la UP, prefieren las expresiones originales, ya que el aspecto ideológico fundamental no presenta diferencias: la cuestión de la “liberación nacional”, el rol que se le asigna en ello a clases como la burguesía nacional y la pequeña burguesía, poniendo a la clase trabajadora detrás de éstas.

En el plano internacional se muestran estas inconsecuencias de manera gráfica, mientras la UP criticaba severamente al progresismo en nuestro país, reivindicaban todos los procesos de los gobiernos progresistas en el resto del continente, con alguna salvedad.

Dicho esto reconocemos de manera autocrítica algunos planteos equivocados que sostuvimos durante mucho tiempo, como por ejemplo, el objetivo de acumular hacia el “fortalecimiento de la izquierda” o trabajar hacia la “unidad de la izquierda”. Hoy podemos afirmar que estos planteos no tienen base material dado que caen fundamentalmente en dos errores: el primero y más evidente, el concebir a la izquierda como algo homogéneo, y no entender que en la misma se incluyen partidos de distintas clases; y el segundo, y quizás más peligroso, el no comprender que nuestra política no puede ir dirigida a sectores definidos subjetivamente, sino a sectores objetivos según su lugar en el sistema de producción, la clase obrera, las clases trabajadoras.

Finalmente queremos reiterar a los compañeros el agradecimiento por el espacio brindado, siempre que coincidamos en la lucha por los intereses de los trabajadores, nos volveremos a encontrar. Pero en este momento, nuestras concepciones nos obligan a separar nuestros caminos.

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