Sobre la violencia hacia las mujeres

Compromiso Socialista - Unidad Popular

Sobre la violencia hacia las mujeres

La violencia que sufrimos las mujeres, no es un problema superficial o simbólico, sino inherente del sistema económico en el que vivimos, el capitalismo. El sistema es violento en tanto se basa en la explotación de la clase trabajadora a manos de una minoría, los capitalistas. La tremenda desigualdad existente se cimienta en la propiedad privada de los medios de producción, y a través de estos, de la apropiación del fruto del trabajo de las grandes mayorías. La situación de las mujeres trabajadoras es aún más compleja.

Con el surgimiento de la propiedad privada y la familia tradicional como base de la economía, el rol de la mujer en la sociedad pasó a un segundo plano: relegada a actividades vinculadas a lo reproductivo (tareas del hogar y cuidados de personas a cargo), mientras que se afianzó el rol del hombre dentro de las tareas conocidas como productivas, es decir, vinculadas directamente a la producción de materiales e insumos para el sostenimiento del sistema.

Con el avance del capitalismo, la situación de la mujer empeoró. El sistema requirió más mano de obra para cubrir la demanda de producción y para disminuir el costo de la misma, en este sentido, las mujeres se volcaron al mercado laboral. Sin embargo, las tareas reproductivas se mantuvieron sobre todo a cargo de las mujeres, lo cual implicó que tuvieran que llevar adelante una doble jornada laboral (remunerada, y otra en el hogar, no remunerada). Dado que éstas tareas son fundamentales para la mantención y reproducción de la clase trabajadora, a los capitalistas les interesa que se realicen y de buena forma, por esto, que las sigan realizando las mujeres y no se tengan que socializar, permite reducir sus costos. Este contexto económico sentó las bases de la discriminación y desigualdad que vivimos las mujeres al día de hoy.

A su vez este problema a nivel de la estructura económica, tiene su correlato a nivel de la cultura, la legislación, la política, los medios de comunicación las instituciones educativas, religiosas, o lo que denomina Marx como superestructura. El rol que le deja a la mujer la ideología machista (que en definitiva es la del sistema capitalista) es relegada a tareas que son socialmente poco valoradas, y esto en concreto, se materializa en una desvalorización general de las mujeres: precariedad laboral, dependencia económica, desigualdad salarial, lo cual redunda en situaciones de discriminación y violencia cotidianas.

La baja consideración social que vivimos trae como consecuencia la deshumanización, la mercantilización del cuerpo de las mujeres, lo que se vuelve evidente en la cultura: la música, películas,  propaganda, los chistes. La violencia hacia las mujeres está naturalizada en nuestra sociedad.

Es por esto que entendemos que la violencia contra las mujeres es estructural, es decir, ocurre por la organización económica de la sociedad y se apoya en la cultura machista, siendo en definitiva los capitalistas quienes se benefician, que aumentan su tasa de ganancia a costa de la explotación de miles de mujeres trabajadoras.

En nuestro país, vivimos una situación de violencia hacia las mujeres alarmante. La primera Encuesta Nacional de Prevalencia sobre Violencia de Género, arrojó que 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años han sufrido violencia machista alguna vez en su vida. Según cifras oficiales del gobierno, se recibe 1 denuncia por violencia doméstica cada 14 minutos, de las cuales la mitad corresponde a casos donde el agresor tenía medidas cautelares. En lo que va del año, van 35 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. Frente a esta situación, el estado no ha podido dar respuesta, y en particular, los gobiernos progresistas del Frente Amplio han utilizado el tema de forma demagógica sin tomar medidas de fondo.

A fines del año pasado, se aprobó la ley de “Violencia hacia las mujeres basada en Género”, la cual plantea la responsabilidad del estado frente a la sanción de los actos de violencia, así como la prevención y atención a las víctimas de forma rápida y eficaz. La ley propone la creación de juzgados especializados en violencia doméstica (los cuales se encargan de disponer las medidas de protección para las víctimas, definir pensiones alimenticias, tenencia de menores, régimen de visitas, así como perseguir delitos derivados de la violencia doméstica o sexual), un sistema de respuesta rápida de acción frente a casos de violencia, y una red de servicios de atención a las víctimas desde un punto de vista integral que atienda la seguridad, el problema habitacional, laboral, educativo, de salud y judicial.

Sin embargo existen barreras objetivas a la aplicación efectiva de esta norma. Por un lado, la misma no modifica los delitos sexuales del Código Penal (vigente desde 1933), que siguen siendo parte de delitos “a las buenas costumbres”, concepciones totalmente arcaicas y patriarcales, que sostienen y legitiman la discriminación y la violencia hacia las mujeres.

Por otro lado, el compromiso político real se evidencia cuando se asignó el presupuesto a la ley en la última rendición de cuentas. Se aprobaron 80 millones de pesos a ser utilizados por varias dependencias, en particular, para la compra de tobilleras electrónicas, de las cuales ya conocemos su resultado. A modo de comparación, sólo el Poder Judicial había solicitado un incremento de 943 millones de pesos para llevar adelante los juzgados especializados que prevé la ley. Sólo de los números queda claro la poca seriedad con que toma el gobierno este tema, haciendo un uso demagógico y electoralista de la situación de las mujeres.

Desde Compromiso Socialista entendemos que es urgente tomar medidas que cambien la situación de las mujeres uruguayas. Es urgente dar respuesta a quienes viven situaciones de violencia, sacando a las víctimas de la convivencia con los agresores, dando resguardo a ellas y sus hijos. Es necesario tomar medidas que mejoren el acceso al trabajo, evitando la precariedad y exigiendo salarios dignos que permitan la autonomía económica para las mujeres. Creemos que es imprescindible la implementación de medidas que protejan a las madres como salas de lactancia y guarderías en los trabajos, licencias maternales que permitan el buen desarrollo en los primeros meses de los niños.

Acompañamos la lucha de las mujeres en contra de la opresión de este sistema. Creemos que el camino es la organización y la lucha, y estamos convencidos de que son las organizaciones de mujeres y hombres trabajadores quienes llevarán adelante las transformaciones reales. Sabemos que con leyes o decretos no es suficiente, debemos defender en la calle las políticas que beneficien a las grandes mayorías.

No hay comentarios

Añade tu comentario

¡Comunicate con nosotros!