La deuda pendiente de América Latina

La década que tuvo como protagonista a gobiernos llamados progresistas llega a su fin. El progresismo transcurrió en un período de bonanza, extraordinario, donde con altos precios de materias primas por un lado, que generaron excedentes y permitieron obras públicas y políticas sociales, y por otro un gran aumento de las inversiones extranjeras directas en la región (IED), que generaron algunos indicadores positivos, como el nivel de empleo.

La historia marca que siempre en estos períodos extraordinarios nacen y se fortalecen ideas reformistas, que plantean la posibilidad de un desarrollo más humano del capitalismo, la posibilidad de un crecimiento sostenido y distributivo dentro del mismo.

Pero estas ideas han terminado siempre chocando con la realidad, y una y otra vez han fracasado. Sucedió así con el Estado de Bienestar, con el New Deal, y le sucede también al progresismo. El problema de la dependencia y el subdesarrollo está muy lejos de solucionarse, y uno de los elementos centrales del mismo, la deuda externa, empieza a pesar nuevamente en la región.

Características del endeudamiento

El endeudamiento de Latinoamérica tiene dos partes inseparables en este momento histórico. Por un lado tiene una fuente estructural, que tiene que ver con el desigual intercambio con el exterior en términos de lo que exportamos, fundamentalmente materias primas y lo que importamos, productos elaborados. Este hecho genera un evidente déficit en la balanza comercial que tiene que ser compensado mediante créditos de divisas. La tendencia es clara más allá de que algunos períodos extraordinariamente, y por razones ajenas a la región, tuvimos un mejor intercambio en términos de la balanza de pagos con el resto del mundo.

La otra pata del problema es la crisis de rentabilidad que vive la economía mundial desde fines de los años 1960. La misma, que es un problema propio del modo de producción capitalista, provocó una huida de capitales hacia la esfera financiera que generó una gran liquidez de los bancos, e impulsó a los mismos a buscar formas de reutilizar todos estos fondos. Y qué mejor que acudir a la tradición imperial de sus países para presionar a gobiernos de los llamados países dependientes a tomar préstamos en condiciones favorables para los bancos.

Esta es la primera fase del ciclo de endeudamiento particular que se da a partir de fines de los años 1960, endeudamiento que se adquiere con la Banca Transnacional (BT), bajo la modalidad de préstamos sindicados, donde un conjunto de bancos se juntan para dar un préstamo a los gobiernos de los países dependientes. Ésto duró hasta la crisis de la deuda que empezó con la imposibilidad de cumplir los compromisos de deuda de Polonia en el año 1981, y la más conocida situación con Méjico en el año 1982, un adelanto de lo que vendría luego en varios países.

Quien intervino para salir de esta crisis, y que anteriormente promovió la toma de préstamos por los PED, fue el Fondo Monetario Internacional (FMI). Organismo que nace con el “Nuevo Orden” mundial del período de la posguerra, cuya función es préstamos para compensar desbalances  comerciales a corto plazo, pero que a partir de la década de 1970 toma un protagonismo diferente:

(…) en lugar de un organismo regulador -como debería ser por la forma en que se originó- el Fondo ha sido en los últimos veinte años un vehículo de promoción de la expansión financiera en el mundo, incluyendo tanto la fase en que predominó la colocación de fondos -que estuvo en vigencia hasta comienzos de la actual década de los ochenta- como aquella que se caracteriza por la intención dominante de recuperar esos fondos (…) [1]

El FMI representa los intereses de la BT, en su composición en la década de 1980, las potencias que eran origen de los principales bancos privados acreedores sumaban el 60% de los votos en su interna.

Manejo de la crisis de la deuda

En la crisis de la deuda de principio de 1980, se impusieron desde el FMI un conjunto de medidas que tenían como fin recuperar los préstamos y muy especialmente, impedir una crisis bancaria. La BT demostró capacidad de adaptación, las primeras medidas fueron la de reperfilar los plazos y conceder nuevos préstamos cuando no existían los fondos disponibles para cumplir con los compromisos como medidas urgentes. Y de la mano de esto, la imposición de medidas económicas para lograr los excedentes que permitieran pagar.

Le siguió un corte abrupto de los créditos a los países dependientes. Mientras que en 1982 el volumen de créditos privados a los países periféricos alcanzó 82.000 millones de USD, luego de una evolución descendente se situó a fines de 1980 en un promedio anual de 1.700 millones de USD. En la década de 1990 la principal fuente de crédito para nuestros países sería el crédito oficial, es decir, los préstamos del Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros.

La deuda ha sido desde entonces, una excusa para aplicar las reformas estructurales que impulsan el FMI y el BM que tienen entre sus objetivos: la apertura comercial y cambiaria; la liberalización financiera; las reformas tributarias; las privatizaciones; y las reformas laborales. Lo que públicamente buscaban con estas reformas es un mejor desempeño del mercado, que se logra sin la intervención “distorsionante” del Estado, logrando -dicen- excedentes de divisas y la prescindencia de la necesidad de créditos, y para lograr así honrar los compromisos crediticios.

Estas reformas que también son llamadas neoliberales fueron impulsadas por el FMI y el BM en todo el mundo, tienen un objetivo que es la redistribución regresiva de la riqueza social y el aumento de la extracción de plusvalía y riquezas en todo el planeta por parte de los grandes monopolios. Por eso es bueno discernir entre los discursos, la propaganda y los objetivos reales.

Los apologistas de estas reformas esgrimen la necesidad de las mismas con el fin promover una mayor dinámica y crecimiento de las economías. Si lo comparamos con el crecimiento de la economía mundial a partir de 1960 que es donde implantan las políticas neoliberales, lo que dicen buscar no condice con la realidad: la tasa crecimiento global en la década de 1960 fue de 3,5%; en la década de 1970 fue de 2,4%; en la de 1980 fue de 1,4%; en la de 1990 fue de  1,1%; en la del 2000 fue de 1%.

Las medidas que impulsó el FMI no cumplieron lo que públicamente postulaban, ni la deuda se redujo, más bien creció, en particular en los países llamados países dependientes, ni la economía mundial tuvo un crecimiento estable. Las reformas llamadas estructurales, aumentaron el endeudamiento generando un círculo vicioso, donde se promovieron exenciones al capital con la excusa de promover la inversión, esta renuncia fiscal disminuyó evidentemente los ingresos.

Las medidas siguientes fueron mover el peso tributario hacia el consumo, donde debe recordarse la obsesión de los neoliberales por controlar la inflación para mantener el interés bancario real alto. Un siguiente aspecto fue la necesidad de disminuir las importaciones para lograr excedentes de divisas con el fin de cumplir los compromisos con la deuda, por lo que la disminución de los ingresos en la recaudación son fruto de las mismas políticas fondomonetaristas o neoliberales. Con la disminución del ingreso se promueve la adquisición de créditos para solventar los déficit que se generan, como también se promueven la venta de empresas públicas para pagar la deuda, lo que genera también una disminución del ingreso. La deuda termina así estrangulando las cuentas públicas, y con esto empiezan los recortes en el gasto social.

La necesidad de endeudamiento surge de las mismas medidas que nos recomiendan para terminar con la misma, la renuncia fiscal del Estado genera la necesidad de conseguir esos fondos que ya no existen o recortar gastos.

Las medidas que se han seguido para manejar el problema de la deuda han aumentado el tamaño de la misma, y la necesidad del endeudamiento también surge por la renuncia fiscal al capital.

Pero hay además otro punto de vista del problema de la deuda, que es el traspaso de recursos a los centros del capitalismo mundial, a los grandes monopolios. Por un lado se les exonera impuestos a las multinacionales y por otro se les paga intereses a la BT, así se desarrolla una gran transferencia de riqueza de los países países dependientes a los países centrales, por ejemplo, los flujos de capitales en América Latina y Caribe en el año 2012 es el siguiente:

La deuda se suma a la sangría que tienen nuestros países y particularmente la clase trabajadora, que con parte de sus salarios paga diferentes impuestos.

La deuda en la región

El ciclo de endeudamiento que viene desde los años 60 y que es común a toda América Latina (y demás regiones “subdesarrolladas), es un ciclo de endeudamiento particular, que al problema estructural que existe en la región, se suma un agravamiento de todas las contradicciones del sistema capitalista, en particular la crisis de rentabilidad, que llevó a los bancos de los países centrales a buscar lugares de colocación de fondos. No tuvieron mejor idea que ampararse en la vieja tradición de sus países, para obligar a los países dependientes a tomar créditos. Es decir que fue un ciclo de endeudamiento que se genera por una gran presión de los prestadores, en este caso la Banca Trasnacional (BT).

Este proceso de endeudamiento con la BT culminó en la crisis de la deuda de principios de la década de los 80, que llevo a distintas medidos por parte de la BT que a través del FMI logró mantener los pagos e impedir una crisis de la BT. Las medidas que impulsó el FMI en representación de la BT impusieron importantes recortes del gasto público, privatización de servicios y empresas del Estado, contracción de la demanda interna, desregulación laboral y liberación del comercio exterior para ser un destino atractivo de IED, entre otros.

Las actuales dificultades económicas de los países de la región vuelven a poner el tema de la deuda como un problema candente y central, ya vimos cómo los procesos que en un principio fueron al menos inspiradores, decantaron en el tratamiento clásico del tema, es decir, reprodujeron el problema.

Por otra parte, el crecimiento de la deuda en la última década y media, ha sido fundamentalmente mediante la emisión de títulos, dejando en segundo lugar los préstamos de los organismos financieros multilaterales como el FMI, que fue la modalidad de endeudamiento más importante en la década de los 90.

La emisión de títulos de deuda, acto unilateral que hace el estado poniendo las condiciones, se nos puede presentar como una modalidad de endeudamiento con un mayor grado de soberanía, nada más alejado de la realidad. Si bien es el estado el que pone las condiciones como interés, moneda, etc., la necesidad de efectivamente colocarlos en los mercados financieros, obliga al buen visto del propio FMI, como las distintas calificadoras de riesgo que califican la deuda del país. Y todos ellos dan el visto bueno acorde al apego de la política económica de los gobiernos a los lineamientos fondo-monetaristas o neoliberales.

Es decir, el endeudamiento se genera, siempre en las condiciones actuales, sobre la base del condicionamiento de la política económica, sobre la pérdida de soberanía.

Hay un elemento relevante, también evidente pero olvidado, de que gran parte de los gobiernos que de endeudaron, especialmente en el Cono Sur, fueron gobiernos de facto. En la vuelta a la democracia, los distintos gobiernos asumieron esta deuda. Esta es una deuda odiosa, es decir, la contrajeron gobiernos que no teníamos potestad de decidir por el país, quienes les prestaron estaban al tanto y los fondos no se utilizaron en beneficio del pueblo.

Durante la década de los 90, siguieron el mismo rumbo que fines de los 80, donde se llevan adelante en la región medidas neoliberales con la excusa de generar los excedentes necesarios para cumplir los compromisos con los acreedores. En este período la BT redirige sus préstamos hacia los países “desarrollados” y los Organismos Financieros Multilaterales como el FMI y BM pasan a ser los principales prestadores. Las medidas llamadas fondo-monetaristas o neoliberales que impulsadas en todo el mundo, fracasaron en sus pretendidos objetivos, no se desarrolló un crecimiento sostenidos y redistributivo, todo lo contrario generaron una redistribución desigual de la riqueza. Esto evidencia un trasfondo de clase, el objetivo real de estas políticas es acelerar la acumulación de capital. .

Las medidas regresivas que impulsaron el FMI y el BM entre otros organismos, encontraron la resistencia de los pueblos, la clases trabajadoras y los jóvenes. Esta lucha fue continua durante la década de los 90, y varios partidos y frentes electorales lograron en gran medida resumir electoralmente estas luchas y llegaron al poder varios gobiernos que se denominaron “progresistas” o “alternativos”.

Estos gobiernos generaron algunos cambios con respecto al endeudamiento. Por un lado la forma de endeudamiento más importante pasa a ser la emisión de títulos y por otro aparecen actores como Banco de Desarrollo de China entre otros del país, que pasan a ser prestadores importantes.

En la década de 2000, se vivieron condiciones extraordinaria que permitieron que el PBI en la región creciera más rápido que la deuda externa y aumentaran las reservas, cuando ocurrió esto muchos dijeron que la deuda externa ya no sería el problema que antes era. Pero a partir de la década del 2010 el período extraordinario, de “bonanza”, se empezó a disipar, los precios de las materias primas bajaron y la IED disminuyó, esto generó una disminución de las reservas y un crecimiento de la deuda externa, y la misma empieza a hacerse sentir y condicionar las economías.

Nuestro país no es ajeno a esta realidad, en los gobiernos del Frente Amplio el peso del pago de intereses de la deuda en el presupuesto nacional ha ido aumentando respecto a fines de los 90, destinando en la actualidad una décima parte del presupuesto al pago de los mismos. Y el pago de servicio de deuda supera en la actualidad el presupuesto que se destina a educación y salud.

La oposición entre deuda externa y deuda social va a ser un problema cada vez más urgente de resolver, y qué se priorice va a determinar de qué lado nos paramos, del lado de los sectores populares o de lado de las burguesías y el imperialismo.

 

[1] Astori. FMI y nosotros. Pág. 13

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